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El chupacabras en España



Una noche como cualquier otra el pastor Tomás Poza, al guardar sus trescientas cabezas de ganado, estaba inquieto, como si alguien lo estuviese observando.

A la mañana siguiente, frente a él, un espectáculo dantesco hizo que las lágrimas brotasen de sus ojos. Todas sus ovejas estaban muertas con la marca de un pequeño orificio de un punzón como única señal de lo ocurrido, y para más inri, vacías completamente de sangre.

Esto sucedió en el valle de Tabladillo, en Segovia, a fines de 1997. Por diversas comarcas la inquietud y la angustia hicieron presa de las gentes. Los niños dejaron de ir al colegio y las armas se prepararon para ser disparadas.

Si "eso" había matado a doscientas dieciséis ovejas en muy poco tiempo, qué no haría con una persona. La gente tenía mucho miedo de encontrarse de día o de noche con un animal del que no se sabía nada y que tampoco dejaba ningún tipo de rastro.

Un depredador muy hábil

Ni una sola marca que indicara cómo el amenazante saqueador había realizado esa carnicería macabra. Lo más extrañamente curioso, un detalle no poco importante para los pastores fue que los buitres, animales más que habituales en esa zona, se negasen a degustar ese privilegiado festín de miles de kilos de carne muerta. En tan solo una hora el habilidoso animal había provocado toda una matanza.

En el Alto Aragón con anterioridad a estos espantosos hechos, la Policía había dado dictamen de que más de doscientas cabras fueron atacadas por un animal desconocido que no dejó señales, con una versatilidad que le posibilitaba saltar verjas de más de dos metros de altura y con un único colmillo como arma. Su pasatiempo, chupar la sangre de sus víctimas.

Oficialmente se descartó que fuese un lobo, pero si no fue un lobo, ¿qué extraña especie pudo cometer ese desaguisado? Además los animales no mostraban ningún síntoma de haberse defendido, aparecieron con un gesto de una extraña sumisión. Como si uno a uno, a cada animal le hubiese ido succionando su sangre y sus vísceras.

Primero en América

La palabra chupacabras se acuñó en Costa Rica en el año 1995. Varias personas afirmaron haber visto un extraño ser erguido sobre sus dos patas, pero que se escabullía muy fácilmente de cualquier cortapisa.

Por toda Centroamérica se vivió una auténtica pesadilla en torno a este extraño animal, si es que eso en definitiva es lo que era el causante de toda aquella matanza, pero en España, aún no había hecho su mortal aparición.

El salto del  charco

En enero de 1999, ganaderos de Navarra pusieron en conocimiento de las autoridades la pérdida de más de ochocientas ovejas en pocas horas.

En Lerín, una apacible localidad se encontró una única huella hundida a gran profundidad de casi dieciocho centímetros y según los cálculos podría pertenecer a un animal no identificado de más de cuatrocientos kilos de peso.

En una zona de cuatro kilómetros los animales muertos era como si hubiesen sido previamente paralizados, todos con la fatal marca del punzón en el cuello, pero sin desgarros o carne despedazada.

El Servicio de Protección de la Naturaleza, conocido como Seprona, es decir, los guardias civiles especialmente dedicados a la conservación de la naturaleza y el medio ambiente de varias localidades, realizaron varias y extensas búsquedas, intentando dar con el enorme carnívoro que mantenía en estado de pánico a los lugareños, pero no pudieron dar con él. Aunque es una llanura sin demasiados recovecos, ese ser escurridizo y asesino nunca fue hallado.

Sin una explicación concluyente

El doctor Daniel Fernández de Luco de la Facultad de Veterinaria de Zaragoza fue la persona especializada para investigar y dar una solución lógica a este intrigante suceso y que habló con Iker Jiménez que investigó ampliamente el caso. Efectivamente, los animales presentaban unas heridas incisivas en el cuello, la tráquea rota por completo y ningún tipo de otras marcas o agresiones. No podía determinar con exactitud de qué tipo de predador se trataba y después de un exhaustivo análisis certificó que probablemente un cánido de gran tamaño había atacado al ganado y negó en rotundo la existencia de lobos en la región.

Pero el cánido que cometió esta matanza nunca fue capturado.

Imagen: Highdarktemplar


@mamiroca


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