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La esencia de la India


India, uno de los países más impresionantes de la tierra. Hoy y siempre.

Desde que Alejandro Magno viajó por sus tierras en el siglo IV a. de C., la India no ha dejado de embelesar a los occidentales. Un país del tamaño de un continente donde tienen lugar los más diversos paisajes, ríos, montañas, llanuras, enormes ciudades y pequeñas aldeas, selvas y terrenos bajos y pantanosos que inundan las aguas del mar.

La historia de un pueblo

Sus relatos se escribieron en caracteres islámicos y en sánscrito, su cultura es una mixtura fraguada en cientos de gentes y costumbres diferentes, de rituales y dioses.
Incontables son las rutas que se pueden seguir y las ciudades para visitar, pero en cierto modo posee lugares excluyentes.

De ruta por la India

El camino se puede iniciar en Agra, capital de los emperadores de Mongolia en los siglos XVI y XVII, y allí el tesoro más destacable, el Taj Mahal, construido por el emperador musulmán Shah Jahan, en recuerdo de su amada y difunta esposa Arjumand Bano Begum, más conocida como Mumtaz Mahal, fallecida en el parto de su decimocuarto hijo. 
Es un mausoleo hecho de mármol blanco que parece sostenerse en la superficie del agua sobre unos estanques y jardines geométricos. Al amanecer y en el ocaso se cubre de un color rosado que lo hace aún más leve.

En Agra, también es de destino obligado una fortaleza en la que un emperador apresó a su padre hasta su muerte, luego de haberlo quitado del poder, o la ciudad fantasma de Fatehpur Sikri, antigua capital del imperio mongol durante el siglo XVI.

El río Ganges

Benarés, en el norte, es un compendio de la India más profunda. Una ciudad en la que están esparcidos diferentes templos, donde se entremezclan la vida y la muerte de una forma impredecible y de manera continua atrae a miles de peregrinos que creen que es sagrada. 
Cada mañana, al alba, gran cantidad de fieles caminan por las escalinatas que llevan al río Ganges para llevar a cabo un rito heredado de sus ancestros y junto a las arcas, se bañan, beben y rezan.

En la Harishchandra Ghat o Escalinata de las cremaciones, se encuentran los cadáveres de los que van a la ciudad a morir, son cubiertos por saris (vestimenta tradicional hindú), y son hundidos en el agua antes de arder en las hogueras funerarias. Sus cenizas y los restos que no sean completamente quemados son arrojados al río. Por ese motivo no es infrecuente observar en diferentes partes del mismo, entre flores y barcas dispersas, restos de cuerpos y algunos cadáveres enteros que serán frenados por alguna orilla, si antes no son devorados por los carroñeros.

El oeste de la India

En el mar Arábigo se encuentra la ciudad de Bombay, capital del estado de Maharashtra. Es el principal centro comercial y puerto del país e inicio para visitar la parte occidental.

Hacia el sur se hallan las iglesias, playas y cafés de Goa y en el interior, conjuntos rupestres de increíble belleza como son Ellora y Ajanta.

Sobre los bancos de arena del río Hugli se extiende Calcuta, que es la capital de Bengala Occidental y la llamada ‘ciudad de la alegría’ es un crisol de razas, credos y gentes donde se plasman la miseria y la riqueza.

El culto a Kali

En Calcuta está el templo de Kali, donde todas las mañanas son sacrificadas varias cabras en honor de la diosa. 
Hasta mediados del siglo XIX los seguidores de la secta thags o “los estranguladores de Kali”, viajaban por toda la India estrangulando peregrinos y viajeros para ofrecer sacrificios humanos a la diosa.

En Rajasthan, aún se mantienen los ideales de la caballería y costumbres de la época feudal europea con fortalezas y palacios que así lo señalan. 
Aquí está Jaipur, conocida como la ciudad rosa o Udaipur, la ciudad de los lagos y Jaisalmer, desde cuyas torres se puede admirar una impresionante vista del Gran Desierto del Tar.

En el centro de la India se sitúa Madhya Pradesh. Gran parte de la región es propiedad del Parque Nacional de Kanha, un santuario de vida salvaje que fue fuente de inspiración para Rudyard Kipling y su Libro de la selva
Los templos de Khajuraho tienen unas fascinantes esculturas eróticas y se hallan los monumentos budistas de Sanchi, desaparecidos durante siglos.

Tal vez estos lugares merecen ser visitados uno por uno y por separado. Son destinos tan poco convencionales que permiten mezclar misterio y aventura, lo pintoresco con lo místico, lo antiguo con lo moderno.

En Milenio 3, de la Cadena Ser, Carlos Cala Barroso nos contó que la India no es un viaje más. Es un mundo dentro de este mundo, lleno de sorpresas donde convergen las tradiciones milenarias y la tecnificación de occidente.

Tal vez un lugar para encontrarse a sí mismo.

Imagen: Pinterest.com


                                          
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